domingo, 19 de febrero de 2012

Volare!!!

Marita tiene cinco años y vive cerca de una base aérea. Casi todos los días ve aviones pasar sobre el patio de su casa. Y así como los ve, los cree, porque cuando uno es chico nada sabe de distancias, proporciones, ni perspectivas.
Un día, papá y mamá le cuentan que van a hacer un viaje en familia. Muy lejos. En otro país, tan, pero tan lejano que se llega o en barco o en avión.
La noticia la deja shockeada, no por el paseo, sino porque no se imagina cómo van a hacer para entrar los tres en algo tan chiquito que parece que puede llevarse en una mano. Menuda sorpresa es la que se lleva, cuando con sus propios ojos comprueba que los aviones... ¡son gigantes! Y no solamente es enorme su tamaño, sino también el ruido que hacen los motores.
Bien segura, tomada de la mano de papá y mamá, sube la escalerilla, y una chica vestida de rojo y blanco le dirige una sonrisa. Y las sorpresas siguen una tras otra. El inerior del avión se le presenta como un bus, pero mucho más lindo, grande y cómodo. Para mejor, papá le deja el asiento de la ventanilla. Al poco rato, la misma chica del uniforme rojo, que mamá le cuenta que es una azafata, se le acerca y le enseña c´mo debe ir abrochado el cinturón de seguridad.
La nave despega. Marita mira por la ventanilla y lo que ve le enacnta y la sigue sorprendiendo: la gente se ve chiquitita, y la tierra, allá abajo, colorida como en una foto.
No recuerda cuándo se quedó dormida, pero sí, que comió muy rico y que en un momento se pudo levantar de su asiento y mamá la llevó al baño. El caso es que la voz del comisario de abordo le anunció que era el momento de volver a colocarse el cinturón, porque el avión iba a aterrizar.
Con un poco de tristeza, se comienza a despedir de ese nuevo universo del que no se quiere ir, porque descubrió que volar le encanta.
La chica del uniforme rojo responde con una nueva sonrisa a su saludo con la mano, y la nueva aventura se asoma por la escotilla abierta.

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